LA ABUELA Y EL COMANDANTE
Estaba la abuela en el patio de su casa; recolectando las frutas de sus árboles.
De pronto, aparcó una camioneta lujosa 4 x 4 frente a su casa y se bajó de la misma un
militar lleno de estrellas y medallas.
Rodeado de custodias con aks plegables de bakelita y en tono amenazante.
Empujó el zagúan el militar y con paso firme se dirigió hacia la abuela en tono altivo pero respetuoso.
Abuela ¿No sabe quien soy yo?
La abuela, con toda la paciencia que le dan sus años, se acomodó lentamente los anteojos y volvió a ver al militar altivo de charreteras y medallas.
¿Quien sos vos? Le preguntó llanamente.
Yo, abuela, Ramón García, el vecino de su casa; ahora soy Comandante.
La abuela, sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, puso una mano en su hombro y le dijo:
"Serás Comandante o serás General; con soberbios escoltas que te protegen; armas y de más, pero para mí seguís siendo Ramoncito, el niño vecinito que se metía a mi patio a robar mis guayabas."
Homero.

















Señora Nostalgia dijo
Ja, ja, ja, Homero, pues sí, qué razón tiene la abuela, hay cosas que nunca cambian para nuestros mayores. A mí me hacía mucha gracia cuando mis padres se referían a mi hermana y a mí, siendo ya "zangandongas" como las "niñitas". Qué trabajo les costó aceptar que ya no éramos tan niñitas. Pero para mi papá, aunque después de que nos casamos ya no nos llamó más así, siempre fuimos sus niñitas. Y eso a uno no se lo quita nadie. Besos.
2 Noviembre 2008 | 02:08 AM