JORGE Y SU PERRO

A Jorge le habían dicho claramente los médicos que no se disgustara;
que no tuviera emociones muy fuertes por que podía "patear la bolsa".
Pero que va; era un tipo muy colérico, estaba obeso y sudaba como un condenado.
Siempre se quitaba la camisa nomas llegaba a su casa; enseñando generosamente sus tripas colgando de los cargadores de su pantalón.
Jorge tenía un perro que adoraba; le gustaba salir a la calle y asustar a los transeúntes del barrio.
Era diversión para Jorge, ver a la gente asustarse frente a los ladridos del perro.
Ese día, desayunando tarde por que era un día domingo: tres nacatamales; dos barras de pan de 10 pesos y un litro de gaseosa.
Sentado en un taburete y sin camisa apuraba la ingesta de los nacatamales a dos manos; mientras con una se llevaba a la boca un bocado de nacatamal y un pedazo de pan; con la otra tomaba la gaseosa y se la empinaba en un ritual por llenar su boca y su panza al mismo tiempo.
De pronto, escuchó un "hijueputazo" en la acera de la calle y el llanto de su perro que había sido pateado por un transeúnte molesto por que lo había amenazado con morderlo.
El perro lloraba lastimosamente a la par del amo quien dejó de comer y se levantó enfurecido dirigiéndose a la calle dispuesto a pelear con el transeúnte que había pateado a su perro.
Jorge no dejaba de gritar ofensas a todos los parientes del susodicho transeúnte:
"hijuelagranputa, por que no le vas a patear el bicho a tu madre, desgraciado comemierda, mal nacido, animal..."
Y el transeúnte le ripostaba:
"tu madre hijueputaá; si vos sos el que tiene la culpa por no amarrar a tu perro; lo único que yo hice fue defenderme..."
Jorge cada vez mas iba subiendo de tono; se "cuadró" levantando los puños y le gritó al transeúnte:
"turquiémonos...hijueputaá...turquiémonos..."
Y en eso se fue poniendo "lempo lempo"; después se puso morado; se llevó las manos al pecho y se desplomó como un cerdo en la acera frente a su casa.
El transeúnte quedó viendo a los curiosos que se habían arremolinado alrededor del pleito y les dijo; yo no he hecho nada...
yo no he hecho nada... llamen a la ambulancia...
Nueve días después; el perro de Jorge saludaba amistosamente a los vecinos del barrio que habían concurrido a su casa a rezar por su alma.
(Fin de la historia)
Homero.













www-lacoctelera-com-inaki dijo
Muerto el perro, se acabó la rabia. Hay amos que deberían marcharse al exilio de los idiotas. Un abrazo.
Iñakito.
10 Febrero 2008 | 09:21 AM