DON APOLINAR GARCIA
Se presentó en mi Oficina de Leyes Don Apolinar García; junto con unos amigos vecinos a hacer un negocio.
De pocas palabras y proceder tosco; como todo campesino curtido a punta de machete y sol.
Un campesino de Tungla; un lugar enclavado en las montañas al pie de la Cordillera Isabelia.
Me explicaron lo que quería y procedí a preparar el instrumento notarial.
A la hora de la firma Don Apolinar se puso nervioso; y más, cuando le extendí el bolígrafo para que firmara.
Le sudaban y les temblaban las manos cuando me dijo:
"... es que yo no se leer ni escribir amigo... no se ni poner mi nombre ni firma..."
Todos se pusieron a reír y comenzaron a bromear.
Yo no celebré el hecho y le dije:
Le voy a enseñar a poner su firma__ tomé un pedazo de papel
y tracé en grande sus dos iniciales A y G;
explicándole "A" de Apolinar y "G" de García.
Se lo extendí y le pedí que lo practicara unas dos veces.
Don Apolinar; siempre con miedo tomó el bolígrafo como si fuera una serpiente lo empuñó con cierta inseguridad y dibujó despacio sus iniciales.
Un sonrisa; una bella sonrisa de un campesino que ha nacido nuevamente;
no la miraba desde la Cruzada Nacional de Alfabetización cuando era técnico alfabetizador.
Todos sus amigos celebraban con él.
Firmó la Escritura Don Apolinar
me dió la mano sin dejar de observar sus primeras letras...
Tomé el papel; se lo extendí y le dije: es suyo, conserve sus primeras letras y siga practicando.
Sus ojos le brillaron y guardó el papel en su alforja.
Don Apolinar acababa de ver la luz.
Homero.











rohtriano dijo
Emocionante.
Yo creo que sí, que nacer a la palabra es un nuevo nacimiento.
13 Enero 2008 | 08:17 PM